
En menos de tres meses, más de 100.000 congoleños han huido del este de la República Democrática del Congo (RDC) a países vecinos, impulsados por la ofensiva del grupo armado M23, agravando la crisis humanitaria en la zona.
Ante el éxodo masivo de personas desplazadas desde la República Democrática del Congo hacia los países vecinos, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) advierte de una falta de financiación que priva a miles de personas de ayuda vital.
Los combates se están intensificando en los territorios de Masisi y Walikale, en Kivu del Norte, así como en Bukavu y sus alrededores, en Kivu del Sur, lo que obliga a cientos de miles de civiles a huir. El M23, respaldado por Ruanda, tomó recientemente el control de Walikale, una encrucijada estratégica que une Goma y Bukavu.
En la ciudad de Goma, los campamentos que albergaban a 400.000 personas desplazadas fueron destruidos, dejando a muchas familias sin hogar. Debido a la falta de financiación, las organizaciones humanitarias están luchando por reconstruir la infraestructura esencial.
Los refugiados se enfrentan al hambre y a las enfermedades
Desde enero, más de 40.000 personas desplazadas de Kivu del Norte y del Sur han recorrido casi 700 kilómetros para llegar a Kalemie, en la provincia de Tanganyika, atravesando zonas de conflicto y vías fluviales peligrosas. Entre ellos, muchos jóvenes huyen para evitar el reclutamiento forzado en grupos armados.
La situación también es crítica en los países vecinos. En Uganda, más de 28.000 refugiados congoleños han llegado desde enero, un aumento del 500% respecto al año anterior. En Burundi, donde han llegado más de 68.000 refugiados desde febrero, se han reportado casos de cólera debido al hacinamiento y la falta de instalaciones sanitarias.
Con los centros de tránsito abrumados y la creciente escasez de alimentos, el riesgo de desnutrición infantil está aumentando. Sin financiación adicional, los servicios de salud y protección para los refugiados, incluidos los niños no acompañados y las víctimas de violencia, se ven seriamente amenazados.
Ante la magnitud de la crisis, ACNUR llama a una movilización urgente para evitar una catástrofe humanitaria en la región
























